Disfrutemos del ahora porque el mañana... Chi lo sa?
Visto en @yorokobu.bsky.social
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Futuro: una aldea gala en medio del ruido, defendiendo la libertad cultural cuando el resto se incline ante mercado o agenda.
Democratizar la cultura no es un eslogan: es sacar el arte a la calle y bajar los precios, sin elitismos ni solemnidades.
El Círculo no quiere espectadores: quiere pensamiento en común. Debate real, cuerpos presentes, calles, plazas, refugios climáticos.
2026 marcará el centenario del edificio. 150 años de historia, pero un principio intacto: independencia frente al poder político y económico.
Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes, lo resume sin rodeos: solo se innova amando lo heredado. La tradición no es freno: es motor.
¿Qué escena turística define mejor el espíritu de Martin Parr: la playa, el buffet o la cola interminable?
yorokobu.es/despedida-a-...
Sin Tony Ray-Jones no habría Parr. La ironía, la calle, la vida ordinaria como espectáculo.
Brexit, playas, festivales, colas: Reino Unido como catálogo de rarezas y orgullo costumbrista.
Su cámara no denunciaba: ampliaba, pellizcaba, giraba apenas el encuadre para revelar el absurdo.
No buscaba la épica: buscaba el descuido. Lo que hacemos cuando creemos que nadie nos mira.
Martin Parr se va, pero su ojo sigue: el de las playas abarrotadas, los buffets fluorescentes y los turistas quemados por el sol como símbolo nacional.
¿Crees que la industria mató la sencillez… o solo la disfrazó con luces?
yorokobu.es/raul-refree/
¿El objetivo? No el éxito rápido, sino una nota honesta que llegue cuando tenga que llegar.
Cuando se atasca, no insiste: camina, guarda silencio, escucha. A veces el mejor acorde es no tocar.
Para él, la creatividad es organismo vivo: lo que un día impulsa, otro bloquea. Por eso huye de lo automático.
La técnica sirve… hasta que asfixia. Refree defiende una música que respira y no necesita pirotecnia para emocionar.
Raül Refree presenta Cuando todo encaja: no es método ni manual, sino una invitación a dejar de forzar y volver a la intuición.
Por eso hoy ser mártir es imposible: no te lloran, te remixean.
Internet no distingue homenaje de burla. Lo procesa. Lo mastica. Lo regurgita. Y pasa al siguiente.
Aquí ya no se muere, se exporta. Y cada muerte es un asset visual disponible para loops, ironías, filtros y coros.
Luego George Floyd aparece en la misma canción. Opuestos ideológicos convertidos en un mashup sentimental sin ideología. Solo viralidad.
En horas: remixes, bebés con su cara, fails épicos y ascensos al cielo con Jesús esperándole en slow motion.
Lo compartió la gente MAGA, lo compartieron sus detractores y —como era inevitable— lo compartió el internet del “meme por el meme”.
El vídeo homenaje funciona visualmente, la canción emociona, todo “correcto”… pero con ese brillo inquietante. Lo tan perfecto que te da escalofrío.
No es una parodia… pero parece. Y ahí está el punto: lo solemne ya es meme antes siquiera de ser luto.
Un tipo asesinado por discurso político y una semana después su duelo se convierte en karaoke digital con IA, estadio lleno y Trump en primera fila sosteniendo un candelabro.
Ya no existen mártires, solo contenido.
Esa es la lección del viernes: ni hype infinito ni cinismo permanente. Justo en medio está lo interesante —y lo humano. ☕
Al final, todo vuelve al café del desayuno: demasiado contenido dulzón empalaga; demasiada provocación amarga.