¿Trump quiere guerra?
Perfecto.
Pero que empiece mandando a su hijo a primera línea.
Nada de discursos desde el Despacho Oval, banderas gigantes ni música épica.
Uniforme, casco y al frente.
#SendBarron
¿Trump quiere guerra?
Perfecto.
Pero que empiece mandando a su hijo a primera línea.
Nada de discursos desde el Despacho Oval, banderas gigantes ni música épica.
Uniforme, casco y al frente.
#SendBarron
Estar del lado bueno de la historia
¿Tú eres más de Messi o de Maradona?
No es una discusión sobre talento ni sobre goles. A estas alturas eso importa más bien poco.
Es una pregunta sobre identidad, memoria y dignidad.
Sobre de qué lado de la historia decidimos estar.
Pastores cristianos rezando en el Despacho Oval por Donald Trump mientras la Casa Blanca lo difunde como espectáculo político.
La religión convertida en escenografía de poder y propaganda.
Trump prometió en 2024 que no habría guerras. 14 meses después, bombardeos y una ofensiva contra Irán que cuesta 1.000 millones de dólares al día.
Dinero para destruir ciudades, no para sanidad o educación. Y mientras tanto Israel amplía los ataques de Gaza a Beirut.
Cuando el Senado de los EE.UU. intentó obligar a que cualquier escalada militar necesitara autorización parlamentaria, bloquearon la resolución.
En plena audiencia, un exmarine denunció que EE.UU. está siendo arrastrado a esta guerra por la lógica de Israel.
La respuesta fue inmediata: la fuerza.
Portada de J.K. ROWLING, YA TE VALE, de Rubén Fdez.
🐍 La semana que viene (el martes) arrancaremos la campaña de reservas de un tebeo nuevo de @therubenfdez.com y yo os pido que le deis mucho amor (al tebeo, no a la Jotaká):
J.K. ROWLING, YA TE VALE.
“Imaginen que Estados Unidos fuera una dictadura”.
Así era el discurso de Sacha Baron Cohen en El Dictador. La broma era brutal, pura sátira política.
Y la ironía es todavía mayor si recuerdas quién pronunció aquel discurso. Sacha Baron Cohen, uno de los actores más visibles en defensa del sionismo
No es geopolítica, es miedo a perder el control.
Cuando el foco empieza a subir hacia las élites, nada cambia la conversación más rápido que una guerra.
Los soldados no estuvieron en las fiestas de Epstein.
El que sí estuvo es quien hoy los manda al frente.
¿Qué será lo siguiente?
Sarah Santaolalla denuncia que ha sido agredida físicamente por Vito Quiles y “sus matones”. Ya no es solo acoso en su casa o en RTVE.
Es personal.
Es violencia.
Es hospital.
La pregunta no es por qué ha pasado.
Es quién lo permite.
Sostener un periodismo que incomoda al poder es clave.
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Artículo completo:
¿Se puede detener a Trump y Netanyahu?
buff.ly/2baVhgw
Si no se le frena ahora, lo siguiente será todavía más grave. La impunidad se expande cuando nadie la confronta.
Ha ignorado la War Powers Resolution, ha vulnerado la Carta de la ONU y ha colocado al mundo al borde de una escalada imprevisible. Normalizar esto es aceptar que un presidente pueda atacar países soberanos por decisión unilateral.
Trump rompió en 2017 el acuerdo nuclear de 2015 que limitaba el programa iraní. En junio de 2025 aseguró haber “obliterado” sus capacidades. Y el 27 de febrero de 2026, mientras se hablaba de avances diplomáticos, llegaron nuevos bombardeos. Diplomacia de cartón, misiles reales.
No hubo ataque inminente. No hubo pruebas públicas de amenaza nuclear activa. Y aun así, Washington activó la mayor concentración regional de fuego estadounidense en una generación. Bombardear primero, justificar después.
DETENER A TRUMP
Trump lanzó una ofensiva militar junto a Netanyahu contra Irán sin declaración de guerra, sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y sin ataque previo iraní. El balance ya tiene cifras: 555 personas asesinadas, entre ellas 180 niñas en una escuela primaria de Minab.
Dos Europas
Una que te dice “mejor no te metas” cuando Gaza arde.
Y otra denuncia el genocidio sin eufemismos.
La cultura no es decoración institucional, sino verdad contra el blanqueamiento.
Una escuela arrasada en Minab el 28 de febrero de 2026. Más de 148 niñas asesinadas. Y mientras el mundo debía exigir responsabilidades por el bombardeo de EE.UU. e Israel, la IA de Musk difundía que las imágenes eran de Kabul en 2021 (donde murieron más de 80 personas).
Vanessa Redgrave no hizo historia por ganar un Oscar en 1977, sino por usar ese escenario para denunciar las presiones que recibía por apoyar a Palestina.
La difamaron. Le cerraron puertas. Nunca se retractó.
Los premios se guardan en vitrinas. El coraje, no.
3 de marzo de 1976, Gasteiz.
Policía bajo las órdenes de Fraga: gases dentro de una iglesia y fuego real contra trabajadores en huelga.
5 asesinados. Más de 150 heridos.
Sin juicio. Sin responsabilidades.
Y ahora el escándalo es que manchen un busto de Fraga. Increíble.
¿Puede una revolución empezar con bolsas de basura? En 1969, en Spanish Harlem.
Nacieron los Young Lords: limpiaron calles, denunciaron la discriminación y, cuando el Ayuntamiento los ignoró, convirtieron la basura en protesta.
Servir al pueblo es empezar por lo que el pueblo dice que duele.
La imagen impacta. Bon Jovi lavando platos en su restaurante solidario Soul Kitchen.
Aplauso al gesto, sí. Es uno de los nuestros.
Pero el debate es otro: en el país más rico del mundo nadie debería depender de la buena voluntad de un millonario para poder comer.
Era lo que el mundo temía.
Otra vez el mismo guion: ataque preventivo, escalada calculada y población civil en medio.
La historia ya la hemos visto.
Y nunca termina bien.
Nos distraen con guerras culturales absurdas mientras una generación entera no puede pagar un alquiler. 🏠
Debatimos por tonterías, pero callamos ante lo importante.
Y en ese silencio crece la ultraderecha.
Nos dijeron que la IA era el futuro.
Lo que no dijeron es que algunos ya están midiendo el presente en kilovatios humanos.
Porque si la vida se reduce a consumo, lo siguiente es preguntarse qué vidas “compensan” y cuáles no.
Y esa conversación nunca acaba bien.
Porque la libertad real no es elegir entre veinte envases del mismo dueño.
Es poder decidir en un sistema donde el poder económico no esté concentrado en tan pocas manos.
No es que no tengamos margen.
Es que el margen es más pequeño de lo que creemos.
Y el primer paso no es sentirse culpable.
Es dejar de creer que el lineal infinito es sinónimo de libertad.
Entonces, ¿qué hacemos?
No se trata de vivir en una cueva ni de flagelarse por cada compra.
Se trata de:
– apoyar lo local
– reducir lo que no necesitamos
– mirar quién está detrás
– y exigir políticas que limiten los oligopolios
Y esto no va de conspiraciones.
Va de concentración.
Cuando pocas empresas controlan muchísimo mercado:
– negocian precios desde arriba
– aprietan a productores
– influyen en regulaciones
– y condicionan lo que acaba en tu cesta
Perdonad la simplificación, pero nos han vendido libertad en formatos de colores.
Empaquetados distintos.
Logos distintos.
Promesas distintas.
Pero detrás están los mismos consejos de administración.